Me siento en un parque y dejo que el sol pique mis brazos. Estoy sentada en un banco de granito lleno de curvas. Me gusta el granito. Y algunas curvas. Tengo cita en el dentista, pero es muy temprano. He sacado la libreta para hacer tiempo, o por si saco de ella algo claro. Me gusta fumar al sol, cuando aspiro el papel se consume de una forma distinta, invisible, parece que se evapore en lugar de quemarse,... la luz nubla la brasa, y es como si el cigarro desapareciera...
Aparece un niño. Soy mala para datar a las persona, pero dirÃa que tiene entre ocho y diez años. Es rubio, y el pelo le cae lacio sobre la frente. Lleva una camiseta de fútbol... dirÃa que es una equipación. Lo he visto hace un rato, cuando me dirigÃa aquÃ. Me lo crucé y lo miré, como hago con casi todas las personas. Me pregunté qué hacÃa ese chaval solo, con esta calor, por esta zona, y ahora vuelvo a verlo.
Hemos cruzado un par de miradas. Se balancea en un muñeco de plástico amarillo que alguien con mucha imaginación debió decidir que era un caballo... Se balancea con fuerza, casi con furia. Parece que quiera llegar con el morro del sucedáneo de caballo al suelo. Algunas veces he hecho lo mismo, y he golpeado con la parte de delante, con la de atrás...
Me pregunto qué hace este niño. No parece que se divierta. Deja el balancÃn y se tira por un tobogán que le queda demasiado grande. Se va medio arrastrando los pies y tuerce a la derecha; sube la cuesta.
¿Qué hacÃa aquÃ? Ese niño parecÃa tan indiferente y aburrido (¿aburrida?, yo no estoy aburrida, jajaja, yo estoy escribiendo, y eso nunca me aburre) como yo en este momento... más bien, parecÃa que hacÃa tiempo. Claro, todos hacemos tiempo... pero este zagal parecÃa asqueado, impaciente... He pensado que quizás tenÃa algún entrenamiento de fútbol al que no querÃa ir, del que se habÃa librado, y ronda por un barrio desconocido esperando que termine la hora para volver a casa, y decir que el partido amistoso estuvo muy bien, que metió dos goles, en lugar de decir que odia los balones y quiere unos pinceles, o una gaita...
Llevaba reloj de muñeca, y lo he visto mirando la hora una vez. También he pensado que sus padres podÃan estar discutiendo (porque su madre sea alcohólica, o porque su padre sea infiel...) a gritos, a golpes, y lo mandaron a la calle para ahorrarle parte del espectáculo... "anda, vete a jugar, ¡y no vengas en media hora!"... quién sabe.
Me dieron ganas de preguntarle... quién era, de dónde venÃa y a dónde iba, por qué parecÃa tan triste... pero me da vergüenza hablar con las personas desconocidas, aunque pueda triplicarles la edad.