Sentido común sería no sentirme común a ti.

Quiero odiarte para que dejes de ser perfecta en mis pensamientos.

Tienes que decirme que no te gustan Los Simpsons, que los encuentras infantiles, estúpidos y aburridos. Para odiarte (más aún, si es posible) tengo que ver tu letra, y tiene que parecerme corriente, redonda y vacía. Tienes que decirme que te encanta el gazpacho, y que sueles dejarte las luces encendidas, y que siempre has sido infiel. Dime que prefieres la autopista a las vías del tren. Dime que cuando usas las letras del teclado lo haces con tres dedos veloces. Dime que tú no has pensado en mí.

Tengo que quitarme esta sensación de plenitud y seguridad. Tengo que renegar del milagro. Tengo que arrancarme esta flecha y no sé cómo...

Tengo que odiarte, y para eso tienes que decepcionarme. Tienes que abrir la boca y decir palabras imbéciles. Tienes que decirme que no te gustan Los Simpsons, que no sabes qué es una metáfora, que eras más feliz antes de conocerme y que te asquea mi comportamiento. Tienes que decir algo tan injusto e irracional que me haga tildarte para siempre de indeseable. Tienes que darme lo peor de ti para ver si dejo de interesarme. Tienes que darme gato por liebre.

¿Y yo?, ¿qué podría ofrecer?... y aunque tuviera algo que ofrecer, ¿quién querría aceptarlo?, si yo sólo tengo papeles viejos y traumas infantiles... Tienes que rechazarme. A nadie le conviene alguien tan inestable como yo, que soy capaz de reír a carcajadas, juzgar a gritos y llorar a raudales en un intervalo de quince minutos...

Que sepas que hay cosas terribles que he hecho y nunca he escrito. Que sepas que he descrito cosas buenas que nunca he hecho. Que sepas que esta desgraciada ha creído ver la luz en tus ojos, pero no llega al interruptor.